Muchas veces me he preguntado quién iría a mi entierro. Esto, para cualquier persona, podría ser una característica un tanto morbosa de mi personalidad. Tal vez lo sea. Sin embargo, para mí esto es tan sólo una manera de descubrir cuán profunda ha quedado mi huella grabada por donde he pasado.
Tras esta reflexión, también ha venido a mi mente la probabilidad de caer enferma, como varias personas que ha habido a mi alrededor. En ese caso ¿velarían a mi lado las personas que espero que lo hagan?O, por lo contrario,¿padecería sola la angustia que supone estar ingresado?
En ese caso, creo que no soportaría la angustia de verme abandonada en semejante debilidad. Probablemente, pasarían por mi mente las diapositivas de todas y cada una de las personas que me declararon su amistad, su confianza, su amor. Pero no podría decirles nada, ni reprochar ni excusar su ausencia, pues simplemente no estarían.
Sin embargo y por fortuna, no creo que eso pasara. Cuando pienso en mis momentos de debilidad, vienen a mi mente todas aquellas personas que, de un modo u otro, han estado a mi lado. Mis familiares, ya sean cercanos o lejanos, mis amigos, mi mejor amiga, mi mejor amigo, mi novio, mi confidente, mis compañeras, las personas maravillosas a las que acabo de conocer. Y no sé por qué, pero solo por el hecho de ver a todos mis seres queridos reunidos, me dan ganas de que llegue un momento como ese. Pues, aunque parezca algo ilógico, es precisamente en momentos como ése en los que te das cuenta de quién aprecia lo que has sido, ama lo que eres, y desea lo que serás. Siempre.
Que sepas que fuiste muy, pero que muy importante para mi, tanto que 15 años después (por lo menos), un día como hoy he metido tu nombre en google esperando encontrar algo, y he encontrado este blog.
ResponderEliminarYa no te acordarás de mi, eras muy pequeña, pero yo de ti siempre. Me encanta tu blog.Un beso enorme. Lili